Advierto a los escabrosos que éste texto no es mio. La autora se llama Marfisa Bradamante

¿Que puede hacer una mujer de 50 años, al borde de la menopausia, con ojeras, celulitis en los muslos, michelines en la cintura y arrugas en el alma cuando después de 25 años de convivencia con un hombre se encuentra sola?
Puede hacer varias cosas:
1º Suicidarse.
2º Ir al médico del seguro y atiborrarse de pastillas.
3º Atracar una herboristería y superar el duelo de una manera, digamos natura.
4º Hacer una terapia psicológica durante quince años para llegar al fondo de sí misma.
5º Acudir a corporación dermoestética para hacerse unos retoques en el cuerpo.
Cualquiera de ella te aliviará-la primera de ellas de manera irreversible y permanente-,aunque el dolor que te produce encontrarte de pronto compuesta y sin novio, no te lo va a eviar ni dios, por más rosarios que reces ni más misas a las que asistas, caso que seas creyente.
Una sexta opción cómoda, sencilla, limpia y algunos dicen que hasta eficaz.

BAJITOS, CALVOS Y GORDOS

Todos en mi círculo familiar y de amistad me aconsejaban que tuviera prudencia, y me advertían que en Internet hay gente muy rara. Pero es lo que yo digo, ¿quién va a tener ganas de descuartizar a una mujer menopáusica y con dos cartucheras repletas de celulitis? En esta vida hay que arriesgarse un poco.
Pagas una cuota, creas un perfil y te das de alta. Crear un perfil es como venderse en la lonja del pescado.
[...]
Mi experiencia en las páginas de contacto me ha llevado a elaborar dos hipótesis empíricas

1ª La mayoría de los hombres tienen problemas capilares.
2ª La mayoría de los hombres son bajitos.
¿Todos los hombres que se anuncian en Internet, además de bajitos son calvos?
¿A más altura y más pelo menos necesidad de buscar pareja en Internet?

Casados, no
El primer mandamiento que me impuse en esta búsqueda es que no deseaba entrar en contacto con hombres casados. Ni siquiera en aquellos casos en que aseguraban que su matrimonio “no funcionaba”. Yo no soy psicóloga y no tengo ningún interés en arreglarles la vida, pero mucho menos en que me la desarreglen a mí, que ya estoy bien servida. Hombres casados que buscan ampliar sus horizontes los hay a cientos. Algunos lo dicen, y otros no, aunque tarde o temprano acabas sabiéndolo.
Por ejemplo, mirad este correo que recibí:
“Hola, estoy casado, necesito aire fresco para avanzar en mi vida. Un beso”.
Yo le respondí: “Si necesitas aire nuevo, ten el valor de separarte y ya verás qué bocanada de aire fresco te entra. Un huracán”.
Él me respondió que no necesitaba separarse, porque estaba “felizmente casado”. Y añadía: “Claro, eres de las que piensan que lo que los hombres buscan es poner cuernos a la mujer y engañar a esas desconsoladas solteronas o divorciadas que lo único que pretenden es encontrar un novio formal con el que poder casarse, es eso ¿no?”.
A lo que le respondí: “Pues si tan felizmente casado estás, ¿por qué necesitas aire fresco en tu vida? Una vieja solterona amargada de la vida como yo cree que si las relaciones son difíciles a dos, imagínate a tres. Saludos”.
El caballero me respondió educadamente que estaba de acuerdo conmigo, pero que quería conocer gente y creía que internet era un buen medio para ello.
Y tiene toda la razón. En internet se puede conocer rápidamente a mucha gente. Yo en un año y medio he conocido personalmente a unos 30 hombres, e intercambiado mensajes electrónicos, o chateado, con más de cien. Con los que me he visto en persona, en la mayoría de los casos, ha sido sólo una vez. Con unos cuantos he repetido dos o tres citas. Y con muy pocos he continuado manteniendo contacto personal.
Ni viudos ni menores
Otro mandamiento en mi lista particular es el caso de los viudos. Creo que hay que pensárselo, porque algunos declaran en su perfil haber sido “muy feliz con su mujer” y a ver quién es la guapa que puede soportar estar permanentemente bajo la sombra de la idolatrada Rebeca… Y por lo que respecta a los solteros, tengo una duda existencial: ¿por qué un hombre de más de 50 años no se ha casado nunca? Sospechoso, ¡eh! No, queridos. Quiero un hombre que haya tenido que enfrentarse, al menos, al dolor de una ruptura, que haya pasado el duelo correspondiente y sea capaz de vivir tres meses sin estar en pareja.
Otra de mis reglas de oro ha sido no aceptar relaciones con hombres mucho más jóvenes que yo. Sí, ya sé que Demi Moore, Sharon Stone y otras mujeres despampanantes están incursas en relaciones sentimentales con hombres bastante más jóvenes que ellas, y que hay muchos caballeros que las prefieren maduras, pero yo, a pesar de la creciente equiparación que se da en este terreno, soy de las antiguas: no quiero arriesgarme a que, caso de que prosperara una relación con un hombre pongamos quince años menor que yo, al cabo de diez años me llevara en silla de ruedas a la residencia de día mientras él se va a solazarse en el puticlub. No, queridas, ya tengo bastante con las alusiones que me hacen mis hijos sobre lo bien que se lo pasan los viejos en las residencias de ancianos como para que también mi pareja insista en que me relacione con gente de mi edad. Lo máximo que estoy dispuesta a aceptar son siete años de diferencia, es decir, que no tengan menos de 45. Sin embargo, no os negaré que el correo que recibí de Andrés me hizo subir la moral casi tanto como la inflación anual. Lo dejo tal y como lo recibí:“Holaa preciosaaa!! como estas??
Bueno sé que te sorprenderá un poquito esto, pero a mi nunca me ha pasado y te lo tenia que decir. Me a chocado mucho tu ficha, me pareces una chica muy interesante, y al verla me a gustado mucho, luego me he dado cuenta que no havia visto la edad, pero pese a la diferencia (tengo 19 años) no me a importado nada. Se que te sorprendera un poquito pero bueno... me gustaria saber mas de ti, y si te parece, agregame al msn o enviame en email y seguimos hablando ¿vale? Un besito!!ciao”
¿Verdad que es un cielo? Imaginaos que entro en contacto con él. Lo primero que hubiera tenido que hacer habría sido enseñarle ortografía… y ya tengo bastante con mis alumnos en la facultad. Le contesté que si quería que me detuvieran por corruptora de menores; a algunos otros menores que me escribieron, (para mí, menores significaba que estuvieran por debajo de los 30 años) les preguntaba si eran arqueólogos, coleccionistas de antigüedades o taxidermistas.

Temperamentos fogosos y fríos
He de reconocer que en la galaxia virtual circulan todo tipo de temperamentos, y que me he encontrado algunos fogosos, como por ejemplo Krusoe:
“Responde a este e-mail si tienes curiosidad. Estar sentado frente al ordenador, por la noche, en la intimidad, estimula enormemente las neuronas… Si te gusta el erotismo… probemos… me gusta el morbo, la conversación picante, sin tabúes en el sexo, la mujer desinhibida, con iniciativa, ardiente, que se entrega y recibe a la vez, que disfruta hasta el éxtasis”.
Le agradecí su sugerente mensaje y le confesé que el erotismo virtual es muy excitante, pero que a mí cuando besaba la webcam me salían callos en la lengua.
Y también algunos témpanos que me han dado calabazas, como por ejemplo Calabaza, que me contestó así a la pregunta de si detrás de su nick no se escondería un espía del imperio británico, y que le deseaba al menos que no le envenenaran con polonio:“Con polonio envenenaron a un 200 páginas y no puedo resumirlo en tan poco espacio. Sí que me gustaría extraer algunas conclusiones de mi experiencia:

Primera: internet no es ni el mejor ni el peor sistema para conocer gente. Buscar pareja por este medio no es más arriesgado que buscarlo en las discotecas, los bares, los congresos, la oficina, los conventos o en una coral. Es incierto, improbable, imprevisible y azaroso encontrar a ese alguien especial en cualquier lugar. Os puedo asegurar que yo de gente especial he conocido a montones.

Segunda: sí, es verdad que se puede mentir con facilidad. Se puede camuflar todo aquello que no nos gusta de nosotros, pero por poco tiempo. Siempre se acaba imponiendo la luz si decides enfrentarte al mundo real. Sólo si permaneces amparado en el anonimato que te proporciona la pantalla y no bajas al ruedo puedes esconder lo que no deseas mostrar. Pero si eliges esta opción, es que en realidad lo que te hace falta con urgencia es un psiquiatra o un psicólogo, no una pareja. Y en internet hay cientos de personas a las que les hace falta un psicólogo.

Tercera: internet propicia en muy poco tiempo una complicidad en la distancia que es muy difícil de conseguir en vivo y en directo incluso con contactos prolongados. La intimidad de tu hogar, la pantalla luminosa frente a ti, la distancia física que sabes existe entre tú y la persona con la que estás hablando consiguen el efecto mágico de la aparente cercanía. Mientras que el pudor o la vergüenza no te dejarían decirle a alguien a la cara ciertas cosas, la seguridad que da la pantalla del ordenador hace que el más inhibido de los individuos trueque su timidez por la locuacidad más descarada. Otra cosa es que una vez que te encuentres físicamente con la persona en cuestión no te atrevas ni a mirarla a los ojos. Volvemos entonces al mismo diagnóstico: los servicios psiquiátricos de los hospitales te están esperando.

Cuarta: no busques buenos modales. La escuela de los internautas ha sido el Tómbola, Aquí hay tomate, La noria, El ventilador, Crónicas marcianas, la Cope, etcétera, incluso aunque tengan ya una edad. Escudado en el anonimato, puedes dejar de escribir a alguien incluso aunque hayas compartido gran parte de tu intimidad, y desaparecer del mapa sin sentimiento de culpa o de traición. Internet propicia la venta de humo, que parece eficaz mientras estás detrás de la pantalla. No es mi estilo, pero hay que saber que mucha gente actúa así. A pesar de todo, es lo que menos he logrado entender y lo que más desconcierto me ha procurado. Y un poquito de tristeza.

Quinta: se nota que los hombres han manejado el cotarro durante bastantes siglos por la ausencia de complejos con que van por la vida. Nunca había visto tantos hombres con dotes literarias tan desarrolladas. Los ha habido que pretenden acompañarme en mi viaje sin ruborizarse lo más mínimo, ya que parece ser que no distinguen entre una mujer que no ha acabado la ESO y otra que tiene el doctorado (¿y ezo qué eh?). Tampoco se preocupan en demasía por su aspecto, indumentaria o envergadura física, a la que eufemísticamente llaman “unos kilos de más”.
Tengo para mí que ese chollo se les va a acabar, y que a partir de ahora la miembra que les cuelga entre las piernas no va a ser suficiente argumento para captar el interés de las damas. Además de eso, van a tener que lavarse de vez en cuando, cepillarse la caspa y perder el barrigón. Y eso, amigos, cuesta tiempo y dinero. Y si no, preguntádnoslo a las mujeres, que de eso sabemos un montón. A ver si se equilibra un poco la balanza. Mientras para nosotras sin tetas no hay paraíso, los adanes de turno lucen sus calvas sin el menor complejo y sin miedo a las calabazas de Eva. Y ya sabemos que Eva ha devuelto la costilla

P.D. Aviso para la policía: si algún día encuentran el cadáver descuartizado de una mujer de unos 50 años, metido en una bolsa de plástico y sin móvil aparente, esa soy yo.
Soy una mujer libre y busco un compañero de ruta para hacer el viaje a Ítaca. No es fácil a depende de qué edad. Antes de apuntarme a los viajes del Imserso (ya sabemos que los autobuses caen por el barranco como política para reducir las pensiones de jubilación) he decidido probar suerte en este juego. Me gustaría un hombre con sentido del humor, culto, con intereses diversos, rico (la estabilidad económica es importante) y con quien pudiera disfrutar en todos los sentidos. Estoy en una fase de exploración vital y quiero que la vida me sorprenda.
Algo más sobre mí.
Un día perfecto: se ha acabado la jornada y no se ha declarado la tercera guerra mundial o fundido (todavía) el Polo Norte.
Me gusta hacer en mi tiempo libre: el pino en mi terraza.
Un lugar favorito: la cima del Himalaya al atardecer, pero ir andando es muy cansado.
Un libro, una película o un concierto: Leo el Orlando Furioso, de Ariosto, que no sé si podré terminar antes de morirme, porque tiene 1.900 páginas.
Lo que más y menos me gusta de mi trabajo: lo que más, que trabajo poco. Lo que menos, que aún me parece demasiado.
Mi físico en cinco palabras: soy atractiva pero sin ofender.
Algo más sobre mis creencias religiosas: soy respetuosa con las religiones, pero no practico ninguna, aunque si hace falta ir a bodas, entierros, bautizos o comuniones, voy.
Tres cosas importantes para mí: que no me corten el agua cuando me estoy duchando, que la tostada no caiga del lado de la mantequilla y que, sobre todo, cuando vuelo, el avión llegue a su destino.
Me produce alergia: la alfalfa, y además me da complejo de vaca.
Ojalá pudiera: medir 1,80, pero no hay manera de subir del 1,63.
Aquello que mi pareja debería saber sobre mí: que tengo una irresistible tendencia a lo Norman Bates.