@Eduardo Segovia - 30/09/2008 06:00hLa crisis ya ha cruzado definitivamente el charco. Los que confiaban en que Europa estaba a salvo de la catástrofe de Wall Street tuvieron ayer triple ración: la intervención gubernamental para salvar Fortis, la nacionalización de Bradford & Bingley en Reino Unido (con venta de sus depósitos al Santander) y el rescate por parte de un consorcio de bancos alemanes del Hypo Real Estate. Y los desplomes en bolsa auguran que no serán los únicos en caer: Dexia, ING, UBS, Royal Bank o HBOS están en el punto de mira. Lo peor de todo es que no se trata de acontecimientos aislados, sino que la crisis en Europa (España incluida) puede ser mucho peor que la de EEUU, según un informe publicado ayer por Citigroup.

Las razones de estas negras perspectivas son las grandes vulnerabilidades del sector financiero europeo, fundamentalmente el altísimo nivel de endeudamiento de las familias y las empresas, la exposición de nuestros bancos a la crisis norteamericana, y el reducido colchón de capital del conjunto de la banca, que es menos rentable que la norteamericana. Estos problemas tienen una solución muy difícil porque ni siquiera unas contundentes bajadas de tipos por parte del BCE servirán para sacar a la banca europea del agujero; eso sólo será posible captando unas enormes cantidades de capital que, hoy por hoy, son inaccesibles.

Los analistas de Citigroup consideran que la subida de los precios de la vivienda en algunos países europeos -España, Reino Unido, Irlanda y Francia- ha superado la de EEUU en esta década, por lo que la caída ahora debe ser mayor. Y eso tiene graves consecuencias en la construcción, el gasto de consumo y en el balance de los bancos, donde el valor de las garantías hipotecarias se reduce. Además, el ajuste de la burbuja comenzó en Europa el año pasado, mientras que en EEUU lleva más de dos años; luego la mayor parte de la caída en Europa está por venir.

Más endeudamiento y menos colchón

A esto hay que sumar la fortísima subida de la deuda de las empresas por la actividad de fusiones y adquisiciones, y el gasto de capital. El endeudamiento corporativo ha alcanzado ya niveles de la burbuja tecnológica de 1999-2001, y eso se está traduciendo en un fuerte deterioro de la calidad crediticia: el 78% de los cambios de rating en Europa durante el segundo trimestre fueron rebajas. Aparte de los problemas en casa, muchos bancos europeos tienen una elevada exposición a activos subprime en EEUU: el 73% de la de los bancos norteamericanos, según el FMI. De hecho, las fuertes inyecciones de liquidez en dólares por parte del BCE y el banco de Inglaterra evidencian esta exposición a la crisis norteamericana.

Estos efectos adversos se exageran porque la mayor debilidad de los bancos europeos que, en los años buenos de 2005 y 2006, tenían menos beneficios y menos márgenes que los estadounidenses, y un mayor nivel de apalancamiento (endeudamiento), lo cual se traduce en insuficiencias de capital y en un colchón menor para absorber las pérdidas. En el caso de los beneficios (como porcentaje de los activos) los bancos españoles se llevan la palma e incluso superan a los de EEUU; en provisiones ganamos a los europeos pero no a los norteamericanos; y en márgenes nos superan EEUU y Austria.

Las consecuencias de esta situación ya las estamos viendo a diario: un endurecimiento brutal de las condiciones de crédito, que profundiza la caída del crecimiento económico (Citi considera que la zona euro ya está en recesión) y de los precios de los activos, lo que a su vez agrava la situación del sector financiero.

No hay soluciones a la vista

Finalmente, lo que convierte a esta crisis en la peor en mucho tiempo (si no de la Historia) es la enorme dificultad para encontrar soluciones que funcionen. Así, las inyecciones masivas de liquidez alivian pero no solucionan el problema. Los rescates se están haciendo caso por caso y con una fórmula casi a medida, pero habrá problemas cuando se trate de entidades con presencia significativa en varios países, como ha señalado recientemente Jaime Caruana. Por no hablar de las entidades pequeñas y con un fuerte componente público como las cajas de ahorros, cuya salvación tiene complicaciones añadidas en el terreno político.

Ni siquiera las bajadas de tipos por parte de Jean-Claude Trichet que todo el mundo espera para octubre bastarán, porque aliviarán el impacto en la economía de la restricción de crédito, pero no rescatarán a los bancos. Además, las bajadas de tipos no serán suficientemente rápidas para reavivar las cotizaciones. La única solución que funcionaría, según este análisis, son ampliaciones de capital generalizadas en el sector para cubrir las pérdidas y las amortizaciones, para lo que muchas entidades están mirando al capital riesgo y a los fondos soberanos. Pero parece muy difícil atraer ese capital, porque los inversores que entraron en el sector a finales de 2007 y principios de 2008 han perdido hasta la camisa y la confianza en la economía europea está bajo mínimos.