(Mi agradecimiento a Francisco Martín por haberme proporcionado esta lección magistral, con la que inauguró el curso sobre José Luis Sampedro para su reproducción en este blog)
Las fronteras de un ser fronterizo
Y, al mismo tiempo, no debemos descuidar la principal ocupación y preocupación de José Luis Sampedro desde su cátedra de Estructura Económica; la dignidad de los pueblos a través de una economía más humana, más solidaria y su reiterada crítica a la posición de los economistas que creen poder cultivar su ciencia desentendiéndose por completo del contexto social en que tiene lugar los acontecimientos. Eluden, por ello, las referencias a la dinámica de la vida social y además distraen la atención pública hacia refinamientos analíticos desgajados de la realidad. En todo lo cual se observa la insistencia crítica de Sampedro hacia unas determinadas concepciones de la economía y su énfasis en insertar las actividades económicas en la sociedad, de modo que los componentes de la realidad y sus relaciones se encuentran mediatizados y condicionados por la acción de un sistema económico y social.
Su trabajo en el Banco Exterior, sus viajes a Europa para asistir como ponente de economía de la delegación española, como asesor del Ministro de Comercio, su implicación dentro del Primer Plan de Estabilización Económica español fueron claves hacia su conciencia humanista. Por eso, Las fuerzas económicas de nuestro tiempo sigue siendo manual de referencia de los alumnos en las facultades de económicas. La inflación en versión completa; Conciencia del subdesarrollo; reeditada 25 años después, junto con Carlos Berzosa, junto con otras obras, reflejan el pensamiento económico y social de su faceta de economista; son títulos como Realidad económica y análisis estructural; Principios prácticos de localización industrial, Perfiles económicos de las regiones españolas, El mercado y nosotros, Caminos de la democracia en América Latina, El hombre que inventó el dinero, El análisis económico en España (años sesenta), Dulce cintura de América; y en este nuevo milenio, El mercado y la globalización; Los mongoles en Bagdad o el precioso ensayo económico, político y social, junto con Carlos Taibo, Conversaciones sobre política, mercado y convivencia, en 2006.
De esta guisa, podremos percibir que la esencia literaria de José Luis Sampedro es el contraluz de una existencia repleta de vivencias enriquecedoras, sin olvidar algunas desilusiones pasajeras, respondidas desde la equidad y el reflejo humanista que presiden todos los aspectos de su vida y de su escritura, no sólo literaria sino también económica. Desde luego, la huella imborrable de su formación económica alienta la corteza libresca de algunos títulos narrativos, y todavía más en su quehacer como autor teatral.
Y en ese quehacer de escribir para vivir, para confirmar la máxima de nuestro autor: siento luego existo, ha visto la luz hace pocas semanas el penúltimo diálogo platónico entre uno de sus amigos, Valentín Fuster, y Sampedro. La ciencia y la vida. Las conversaciones, recopiladas, ordenadas y narradas por Olga Lucas, giran en torno a la visión de la sociedad que cada uno de ellos tiene, al papel que desempeña el individuo para transformar lo que le rodea y, asimismo, al deseo de los dos de contribuir, desde la educación, la cultura y la transmisión del saber, para conseguir un mundo mejor. Cuestiones relacionadas con la vida sana –en cuerpo y en espíritu-, la prevención, la realización personal, el valor del esfuerzo y la ética del deber, la ciencia, la religión, el amor, el apoyo del «otro», la juventud y la vejez, el sentido de la vida y el sentido de la muerte.
Apoyándose en múltiples anécdotas y recuerdos, tanto personales como profesionales, este diálogo es un viaje a lo más recóndito del alma humana y al mismo tiempo, a lo más cercano y verdadero que tenemos. Un viaje que conjuga el humanismo con la ciencia, la salud con el espíritu y la vida con la muerte. Como escribe Olga Lucas, la esposa de José Luis, en el prólogo, «los asuntos de vida o muerte siempre dejan su huella y el encuentro entre una persona que años atrás superó un momento crítico y el médico que lo atendió, suele estar cargado de una emotividad y un sentimiento de amistad distinta de cualquier otra».
Las dificultades de la periodización de la literatura de José Luis Sampedro
Difícil se presenta el encasillamiento de un escritor que nacido en 1917 sigue practicando su afición —necesidad vital como afirma el autor y ya veremos— por la escritura y lo hace desde una postura bien alejada de lo que denominamos las corrientes literarias de cada momento, aunque evidentemente la influencia de los movimientos sociales y artísticos no son marginales en la obra de José Luis Sampedro. Hay profesores, como José-Carlos Mainer, que han situado a Sampedro en la generación «cesárea», que son los nacidos entre 1909 y 1923, con nóminas de escritores como José Ferrater Mora, José Luis Aranguren, Pedro Laín Entralgo, José Antonio Maravall, Martí de Riquer, Julio Caro Baroja, Enrique Tierno Galván, Manuel Tuñón de Lara, José María Valverde, Camilo José Cela, Gabriel Celaya, Antonio Buero Vallejo, Miguel Delibes, o Gonzalo Torrente Ballester. Para José-Carlos Mainer, nuestro autor se muestra como un escritor que junto a Miguel Delibes y Carmen Martín Gaite representa a la generación madura, «cuyos modos de narrar están cercanos a los intereses del público». Entre ellos observamos a unos cuantos profesores universitarios e intelectuales de diversas procedencias sociales y tendencias políticas, que llevan a considerar que nos encontramos ante unos escritores que marcan el pulso de la literatura desde la filosofía, pasando por la novela hasta el teatro. Otros críticos de la literatura mantienen al último Sampedro dentro de la corriente culturalista y de la novela histórica desde la aparición de La vieja sirena (1993), novela intermedia de la trilogía «Los Círculos del Tiempo». Sobre estos escritores vinculados al ámbito universitario y cultural, Julio Peñate los califica como «profesores ensayistas» y la nómina está compuesta por Umberto Eco, fuera de España, y dentro a Fernando Savater y a José Luis Sampedro. Así, el emplazamiento de una novela en el pasado sirve a algunos autores para discurrir sobre el género humano y los problemas eternos del amor y la esperanza, como ocurre con Urraca (1982), de Lourdes Ortiz, o la novela de José Luis Sampedro, La vieja sirena (1993). No cabe duda de que desde la aparición de Octubre, octubre Sampedro comenzó a tener un hueco en los manuales y estudios generales —siempre anotado como caso aparente y marginal— sobre la literatura del siglo XX; por ello, el profesor Santos Sanz Villanueva destaca en la novela a partir de 1975 un influjo determinadamente culturalista, y ahí es donde Sampedro sobresale como escritor culturalista y el ejemplo comienza en Octubre, octubre.
Si seguimos la trayectoria del autor, observaremos que cada obra es un paso más hacia la búsqueda de la realidad y la plenitud del ser humano; por eso, El amante lesbiano es una realidad de sensaciones que justifican la intertextualidad presente en toda la obra de Sampedro, y acercan la novela a la corriente denominada posmoderna —iniciada desde Octubre, octubre— en cuanto a su temática y su éxito de ventas. Desde la primera novela de su trilogía «Los Círculos del Tiempo», Octubre, octubre, José Luis Sampedro ha ilustrado sus obras de manera extensa entre la bifurcación de un realismo novelístico que alterna entre la interpretación de la ética como un espejismo o frenesí metafísico —cercano al posmodernismo— (Octubre, octubre, El amante lesbiano) y su reafirmación paradigmática (La sonrisa etrusca, Monte Sinaí), ligada todavía a la visión clásica de la realidad. Sin embargo, en todos los casos el conocimiento es la pauta que encuentra Sampedro para hacernos comprender su universo literario. La duda y la crítica son partes integrantes e imprescindibles de ese conocimiento vital —necesario dentro de su vida y obra— que desarrolla en sus obras teatrales y narrativas.
En fin, José Luis Sampedro sorprende en su última parte narrativa, penetrando en un universo complejo de situaciones extremadas, pero posibles y pertinentes a la existencia humana en un ambiente obstruido por el individualismo, la privación y el ansia de conocimiento. Tiempo, muerte, amor y dignidad son los pilares en los que se sustenta el universo literario de José Luis Sampedro.
Para terminar de traspasar esta primera frontera en busca del escritor fronterizo, cuyo dios no puede ser otro que Jano, permítanme que les relate una leyenda japonesa:
En un antiguo monasterio el monje jardinero llevaba varias semanas preocupado. Había anunciado su visita el abad de otro cenobio cuyo jardín era reputadísimo, e importaba no desmerecer ante sus ojos. Para eso el monje venía perfeccionando el pequeño microcosmos de su jardín, repasando las ondas de arena finísima que representaban el océano, tallando el boj delimitador, aclarando el musgo y los líquenes que envejecían la roca central, símbolo de la montaña sustentadora del cielo. La víspera de la anunciada visita su propio abad acudió a felicitarle, pero el monje se sentía inquieto ante su jardín: algo faltaba. De pronto tuvo una inspiración. Se acercó al cerezo que descollaba entre los arbustos y sacudiéndolo con cuidado logró desprender de una rama la primera hoja del otoño. La hoja osciló despacio en su caída y se convirtió en una mancha amarillenta sobre el verdor impoluto del césped. El monje sonrió: el jardín perfecto quedaba completado con la imperfección. Ahora sí representaba el cosmos.
Quisiera poder desempeñar en este curso que hoy comienza, al menos, la misma función que aquella hoja. Y quisiera creer, además, que mis palabras no hayan disonado demasiado entre la serena armonía de sabiduría que inundará este espacio que es ya la frontera hacia José Luis Sampedro.
Francisco MARTÍN MARTÍN
