Carlos Berzosa, rector de la Universidad Complutense
José Luis Sampedro: economista, heterodoxo y genial
Mesa redonda: Perfiles económicos de José Luis Sampedro
Modera: Francisco Martín. Participan: Carlos Taibo, profesor titular de la Universidad Autónoma de Madrid; Joaquín Guzmán, catedratico de la Universidad de Sevilla; Carlos Berzosa.
Continuación de la presentación de Francisco Martín
En cuanto a las poesías José Luis Sampedro siempre ha confesado que es su gran pasión. El primer intento fue las que escribió en la revista unipersonal UNO, en 1935. Sin embargo, las primeras poesías que aparecen publicadas, en 1988, son seis creaciones que acompañan las láminas del pintor y amigo del autor Miró Llul, Ventanas de Viento, de las que sólo existen cincuenta ejemplares. En el año 2002 y a petición de unos amigos de Valencia, José Luis Sampedro ofrece poemas de UNO y de Ventanas de Viento; en total de ocho poemas: «Triunfo», «Tu pecho», «Latido» de Ventanas de Viento; «Primavera», «Invierno», «Sin título», «Sólo tengo la calle»; y «Adiós» de UNO; junto con un pequeño cuento titulado «Manual de Contabilidad», también de la revista UNO. Para Sampedro la poesía es una certidumbre en toda su obra, porque para él escribir es hacer poesía, como se puede leer en abundantes fragmentos de sus novelas, y se puede apreciar de manera sobresaliente en la prosa poética de Octubre, octubre.
Pero, también, José Luis Sampedro ha escrito para el arte de Talía. Sus primeros pasos por la farándula los dio en 1935, dentro de su palotes particular, en la revista UNO. El que no tiene nombre es una obra de clara reminiscencia a El emperador Jones de O´Neill. Pero es en 1950, cuando obtiene el Premio Nacional de Teatro «Calderón de la Barca» por su obra La paloma de cartón. Avatares administrativos, dificultades de montaje, cualquiera sabe qué, impidieron el estreno que le hubiera correspondido en alguno de los teatros nacionales y sólo subió a los escenarios en representaciones de teatro de cámara, sin que tampoco llegara a publicarse. Y creo que hubiera podido ser un acontecimiento.
La Paloma de cartón comienza en una frontera, que en José Luis Sampedro siempre ha sido una obsesión; unos aduaneros en huelga de celo, hecho que por entonces solo podía caber en la fantasía desatada de un economista, alegorías casi calderonianas, la difícil convivencia de la paz y la verdad, un diálogo ágil y no poco humor. Cinco años más tarde, pero sin tantas trabas, estrena Sampedro en el teatro María Guerrero Un sitio para vivir, que sería publicada en 1958 en la Colección Teatro. Se ha escrito en algún lugar que, con esa obra se anticipó en veinte años a los movimientos ecologistas, al creciente desencanto por el desarrollo industrial. Es posible. Pero también se pueden rastrear en ella muchos viejos temas literarios: el de la vida idílica en un mundo en su estado natural, la historia del buen salvaje y hasta el tradicional menosprecio de corte y alabanza de aldea. Un eslabón más de una larga e inacabable cadena. De las dos incursiones teatrales en esa década, me quedo con la primera, que me parece más real, pese a su carácter alegórico, más viva y más aleccionadora. No es poco hallazgo descubrir que la paloma de la paz es simplemente de cartón.
Entre tanto, José Luis Sampedro se acercó a la revista teatral con Cuatro mujeres y un día o las cuatro bodas. Esta revista fue escrita por Leandro Navarro y José Luis Pando, seudónimo con el que firmó Sampedro. La obra está fechada en 1952 en Madrid y estrenada ese mismo año, en el teatro Fuencarral.
Para mayor alegría, a principios de la década de los ochenta, Sampedro se lanza de nuevo a escribir una obra teatral, El nudo (1982) y publicada en 2007, junto a La paloma de cartón y Un sitio para vivir. Este texto teatral, que se encuadraría dentro de la tragicomedia grotesca, es menos el resultado de una estética determinada y sí de una ética que se acerca al posrealismo, como gran parte de su narrativa que se desarrolla a partir de 1981, con Octubre, octubre. Los temas no varían tanto como podría suponerse tras un salto temporal y político tan importante, ya que si en la década de los cincuenta y sesenta el mejor teatro era un teatro de tesis social, humana y hasta donde se podía política; el teatro de los ochenta está protagonizado por la injusticia social, la explotación del hombre por el hombre, las condiciones inhumanas de vida del proletario, del empleado y de la clase media-baja, su miseria, su angustia, la hipocresía social y moral de los representantes de la sociedad establecida y la desmitificación de los principios y valores que les sirven de fundamento. El nudo estaría más cerca de la tragedia grotesca del Alberti de El Adefesio, que de la raíz lorquiana de La casa de Bernarda Alba. Hemos de reconocer el interesante juego planteado por el autor donde combina el teatro de vanguardia y el teatro del absurdo, pero no absurdo metafísico, sino un absurdo social. La sexualidad —un tema tan recurrente en la década de los ochenta en España— es usada como la mecha que enciende las pasiones más bajas y muestra la alienación de una sociedad encerrada en viejos tabúes y recorrida por la hipocresía, verdadero símbolo de la obra. El nudo ha sido el punto y seguido como dramaturgo. Otra frontera. Otra aduana.
Y si cambiamos de arte y nos acercamos al cine, también José Luis Sampedro tiene una aportación meritoria, aunque escasa. Se trata del guión cinematográfico que realizó para su novela El río que nos lleva. El primero en interesarse fue el director José Luis García Berlanga, pero después de haber visitado los escenarios donde se podría grabar, la censura prohibió la idea. Años más tarde, en 1989, Antonio del Real consiguió llevarla a las pantallas, con guiones preparados por Antonio Larreta, Antonio del Real y José Luis Sampedro. La película se estrenó el 29 de septiembre de 1989. Su actor principal, en el papel del Americano, Alfredo Landa, afirmó que la película fue declarada de interés por la UNESCO por su contribución a la defensa de los valores culturales y ecológicos de la región del Alto Tajo castellano. En la película intervinieron Alfredo Landa (El Americano); Anthony Peck (Roy Shannon); Fernando Fernán Gómez (Don Ángel); Santiago Ramos (Dámaso); Eulalia Ramón (Paula); Juanjo Artero (Rubio), Mario Pardo (Seco); Antonio Gamero (Cacholo); Ovidi Monitor (Cuatrodedos); Ricardo Beiro (Lucas); Concha Cuétos (Cándida). La música fue compuesta por Lluís Llach y recibió el Premio del Público a la Mejor Película, en el Festival de Cannes. Es otra muestra más del estado de disponibilidad creativo que en José Luis abre la palabra a la esencia de los objetos de su entorno.
Así pues, desde sus inicios como escritor José Luis Sampedro se ha embarcado en busca del Finisterre de la verdad. En su barco de vela (como no podía ser menos en quien en los años cincuenta ya predecía el desastre ecológico que estamos sufriendo) reman los valores humanos (dignidad, bondad, sabiduría) como ayudante del patrón acude diligente el amor, como vigía el tiempo. Sólo queda encontrar el amarre final que busca y encuentra cualquier viajero: la muerte, siempre renovadora y siempre eterna.




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este rector es publicado por el director del diario El Períodico donde mantengo una columna tres veces por semana. Le leo.