Blog de María Isabel Peral del Valle
He tenido el gozo de asistir al curso impartido por José Luis Sanpedro en Cursos de Verano de la Fundación General de la Universidad Complutense, con sede en San Lorenzo de El Escorial.
El Director ha sido Francisco Martín Martín (profesor UNED Barbastro y Teruel. El Secretario, Juan Marqués Martín (Universidad de Zaragoza) Mi agradecimiento a Francisco por facilitarme las ponencias y fotografías.
El escritor llegaba sin retraso, sin un desfallecimiento, con lozanía de espíritu, soportando educadamente algunas preguntas sin fuste. Bien apuntalado afectivamente por su mujer Olga Lucas.
Más de una vez atravesó el aula un soplo de belleza que nos conmovió a muchos. En los descansos, nos reuníamos algunos amantes-amateur del oficio de escribir y surgió la siguiente reflexión: “no se si algún día a base de técnicas y horas podremos llegar a escribir con correcta discreción, pero esa humildad del profesor Sanpedro… es tan difícil…”
Y con esta breve introducción os dejo con mis deseos de haceros partícipes de esta experiencia.
El lunes 21 de Julio el programa fue el siguiente
Francisco Martín: “Inauguración”
Enrique Turpín (crítico literario): “La poética de la F. Los relatos de José Luis Sanpedro”
Mesa redonda: “Trascendencia literaria de la escritura de José Luís Sanpedro”. Modera: Juan Marqués. Participan: José Luis Gracia Mosteo, escritor, Francisco Martín, Enrique Turpín.
A continuación os transcribo la ponencia de Francisco Martín Martín fraccionada, para que la disfrutéis poco a poco, como un plato bien cocinado, porque de su lectura se desprende que así ha sido elaborada.
Las fronteras de un ser fronterizo
«Más adentro en la espesura» San Juan de la Cruz
Hacia una literatura fronteriza en José Luis Sampedro
Nuestros países viven una condición de frontera, o mejor dicho nuestras realidades son fronterizas en todos los sentidos: tanto geográfica, política, económica, cultural e históricamente nos encontramos en las fronteras de una modernidad no superada y de una posmodernidad a caballo de no se sabe qué. En ese sentido se van generando unas Culturas de Frontera que transcienden los límites geográficos y políticos, pero que profundizan y ensanchan los socioeconómicos, o así debería de ser.
El discurso de la recepción pública en la Real Academia Española de José Luis Sampedro, en 1991, Desde la frontera, profundizó en la esencia del ser fronterizo. Entre esas fronteras el novel académico decía: «Muy colmado de ciencia está Occidente, pero muy pobre de sabiduría. Es decir, del arte de vivir, más abarcante que la ciencia porque, contando con ella, incluye además el misterio. Ahora no se procura alcanzar la iluminación, sino sentir el latigazo del deslumbramiento, los focos publicitarios; no el silencio, lo auténtico, ni el resplandor tranquilo de la lámpara. Un símbolo de nuestro tiempo es preferir la ducha, rápida, ruidosa y acribillante, en vez de envolverse voluptuosamente en la líquida seda del baño, lento y sosegado. Los países de la periferia conservan, aun en su atraso técnico, más sabiduría y eso es una esperanza para todos, porque cada día es más urgente compensar el desajuste esencial de esta civilización: el tener muchos medios sin saber ponerlos al servicio de la vida».
Se configuran así dos diferentes estilos de vida: el fronterizo y el central. José Luis Sampedro, sin duda, ha elegido el fronterizo; el que cuenta con lo ajeno, que le provoca curiosidad con adhesiones o rechazos mezclados, le sugiere nuevas ideas y hasta las infiltra en él. Las fronteras, pues, por muy altas que sean las murallas, nunca impiden ignorar lo existente más allá, ni cubrirlo en la indiferencia; actitud en cambio bien propia del centro, donde suele vivirse como si su mundo fuese único. El fronterizo es sustancialmente ambivalente y es también ambiguo, porque oscila entre ambas identidades: la originaria y atemperada por lo exterior. Su identidad es por eso menos pétrea, su propensión al cambio es mayor. Ésa es la dualidad del fronterizo, asomado siempre hacia fuera, a la vez que atirantado desde el centro del poder.
Las fronteras en José Luis Sampedro anhelan encontrar las verdades plenas del tiempo, el amor y la dignidad como aduanas que sustentan el universo literario del autor que, a su vez, son puertas que abren y cierran compromisos, logos y muerte, en una espiral cada obra más profunda, cada título más fascinante.
Hablando de orígenes y de fronteras no está de más recordar que Sampedro vivió una infancia entre el azul mediterráneo de Tánger y el pardo paisaje meseteño de Soria, para desembocar con nueve años a las orillas del padre Ebro en Zaragoza. Significativamente el viaje se convertirá en Argo, la nave de los Argonautas, sin timón preciso; inocencia de descubrimiento entre folletines ilustrados de Los tres mosqueteros, Rocambole y obras de Paul Feval. Con trece años aparece el Real Sitio de Aranjuez, que sería homenajeado en la obra homónima sesenta y tres años más tarde. Símbolo, historia y ficción se estrechan la mano en unos años de estudio y experiencias surcadas por los jardines y los palacios ilustrados de tan regia ciudad abierta al Tajo, inmenso mar narrativo de José Luis, y puerta que abre fronteras, ofreciendo espacio para otra realidad, otros seres; es umbral, tránsito, principio o fin del camino. No es de extrañar que El río que nos lleva sea símbolo idiolectal de un valor mítico-simbólico, en un viaje iniciático provisto de agua, amor y frontera. Esas fronteras que aparecen en Tánger, se aniquilan en la meseta, para después ser umbrales reveladores de un límite temporal irrefrenable, guardados celosamente por Janos, en Real Sitio, protector de la vida de palacio y los secretos que encierran los muros de Sampedro.



Gloria-bendita
Un humanista, un ser libre, un hombre íntegro, un hombre joven. Un hombre al que admiro.
Un estupendo reportaje, Isabel.
Gracias