samsara13

Él, obediente, le recorrió el cuerpo con su lengua, haciendo tiempo en el bosque oscuro de su pubis que destiló puro elixir.

Penetró con vaivén suave en su cáliz, acariciando rítmicamente la madreperla escondida hasta que se derramó como en torrente.

De mi relato Castidad D.L 2007